IGLESIA UNIVERSAL DE DIOS

IGLESIA UNIVERSAL DE DIOS
"JEHOVA SAMA"

miércoles, 24 de febrero de 2016

LA PACIENCIA


Paciencia
La paciencia es un rasgo de carácter que permite pasar  situaciones caóticas sin derrumbarnos, nos permite educar a nuestros hijos sin gritos y nos permite aceptar a los compañeros de trabajo sin deprimirnos, entre muchas otras cosas.

Es muy interesante conocer que el origen de la palabra paciencia es la raíz latinapati que significa sufrir. De hecho el participio patiens se introdujo al castellano como paciente (en los hospitales) o “el que sufre.” Así la palabra misma nos recuerda que la paciencia implica sufrimiento, si bien ese sufrimiento se acepta con dignidad esperando una recompensa mayor que vendrá, ya sea con el simple paso del tiempo, con la perseverancia, o con la actividad correcta en los momentos correctos.

Es importante notar que paciencia no significa sólo esperar hasta que cambie la situación o hasta que alguien más haga lo que tiene que hacer. Es muy fácil culpar a alguien más de todo lo negativo que nos sucede. Paciencia es la cualidad de tolerar o soportar dolor o dificultades sin quejas.

Repasemos el rasgo de la paciencia en las tres circunstancias mencionadas anteriormente: el simple paso del tiempo, la perseverancia y la actividad correcta en el momento correcto.

Paciencia en momentos lentos.
¿Le ha tocado desesperarse con la burocracia de ciertas instituciones? ¿Ha tenido la “oportunidad” de esperar largo tiempo en líneas para poder ser atendido? ¿Ha tenido que atacar el aburrimiento propio o de sus hijos en viajes largos? Son momentos todos en que la paciencia debe derrotar al desasosiego. Debemos entender que la “burocracia” no es mala por sí misma, de hecho fue introducida en la ciencia administrativa como un elemento de organización y control. Sin ese molesto “papeleo”, una organización no sabría dónde están sus ingresos, o cómo reproducir un proceso particular en ausencia del actual dirigente, o cómo controlar los gastos. Entendamos entonces que la burocracia tiene una razón de ser y seamos amables cuando tratemos con ella.
Aparte de comprensión también podemos usar la creatividad y convertir los momentos de espera en momentos útiles.
La gente de campo sabe que el tiempo entre la siembra y la cosecha no es de haraganería, es un tiempo para fertilizar, desyerbar, arreglar maquinaria, etc. Hay que sacar ventaja de ese aparente “tiempo muerto”.


Paciencia como perseverancia.
Se cuenta que Robert Bruce derrotó a los ingleses para liberar a su patria Escocia de su yugo, pero sólo después de muchas y dolorosas derrotas. Siempre tuvo la paciencia de asimilar la derrota, levantar un nuevo ejército, luchar nuevamente, ser derrotado, asimilar la derrota, etc. Un ciclo que no se interrumpió sino hasta que logró la victoria final y pudo reinar en Escocia.
Esto lo podemos aplicar, tanto a este Rey, como a un equipo de fútbol que luego de derrota tras derrota, persevera hasta lograr el campeonato, al estudiante que finalmente logra titularse, o al empleado que finalmente es reconocido como “siervo fiel”.

Paciencia como actividad correcta en el momento correcto.

Cuando “tenemos el tiempo encima” tendemos a desesperarnos, nos irritamos, gritamos y generamos un caos peor sin lograr resultado alguno. Este también es un momento para la paciencia. Nuevamente no se trata de esperar una solución “caída del cielo”, si bien podemos orar y pedir ayuda divina, lo cierto es que también tenemos que enfrentar el problema. Gedeón, David, y otros personajes de la Biblia que recibieron ayuda de Dios, aún tuvieron que marchar a la batalla.
Los tripulantes del Apolo 13, cuando este sufrió una avería, hubieran podido darse de topes en las paredes, maldecir  la misión, rasgar sus trajes y aun así seguir con el mismo problema. Ellos tuvieron paciencia para solicitar ayuda, para comentar las alternativas y trabajar en la solución de mejores probabilidades aun cuando el tiempo se iba de entre sus manos. Ellos hicieron lo correcto con paciencia.

Fuente de la paciencia.
La buena noticia es que para lograr este rasgo, tenemos la ayuda del Espíritu Santo. Gálatas 5:22 dice que la paciencia es uno de los frutos del Espíritu Santo. No estamos solos, oremos a Dios porque su Espíritu more en nosotros y seremos recompensados con este fabuloso rasgo del carácter de Cristo: la Paciencia.







martes, 26 de enero de 2016


PROXIMA ALIANZA 6 DE FEBRERO 2016 EN IXHUTLANCILLO, HORA DE REUNIÓN, 2 DE LA TARDE EN MONUMENTO  A LA INDIA, CRUCERO DE ORIZABA A LA PERLA, CON EL PASTOR JOSÉ AMADEUS PANZO , CALLE LUIS DONALDO COLOSIO.

El elemento determinante entre lo que Dios puede y quiere darnos y el cúmulo de nuestras necesidades es la fe. La fe no es otra cosa que creerle a Dios. Diga en alta voz:
Cuando tenemos esto bien definido, entonces podemos considerar los aspectos que encierra la fe:
1.     La fe nos lleva a tomar decisiones de alto riesgo (Génesis 12:1-5)

Al salir de Ur de los caldeos, Abraham estaba arriesgando sus posesiones, sus cosas, su familia y todo cuanto hubiese alcanzado a tener hasta ese momento por seguir al Señor. El cristiano consagrado a Dios está dispuesto a arriesgarlo todo para aventurarse a ir tras lo que Dios le haya dicho. A muchos cristianos les cuesta tomar decisiones. Ignoran que el futuro nuestro no solo depende de las oportunidades que tengamos en la vida, sino también de las decisiones que tomemos frente a esas oportunidades, y optan por dejar que pasen sin echar manos a ellas. Abraham escogió salir de su parentela y logró lo que Dios le había dicho.
2.     La fe nos lleva a emprender largas jornadas en busca de un mejor destino (Génesis 12:4-5)

El viaje de Abraham cubrió una ruta de más de 2.400 Km de distancia y los recorrió alimentado por la fe. El soñó ampliando sus horizontes. Tal vez nunca antes había recorrido tantos kilometrajes, pero esta vez se movió en razón de que creía que encontraría “la ciudad cuyo arquitecto y constructor es Dios” (Hebreos 11:10).
El profeta Isaías nos exhorta a ampliar el sitio de nuestra tienda, a correr las cortinas y a ahondar las estacas (Isaías 54:2). La fe nos acciona, nos hace mirar más allá de nuestras posibilidades. El destino ya fue trazado y el camino para llegar a él ya nos fue indicado (Juan 14:1-6) ¿Qué espera usted para recorrerlo?

3.     La fe nos lleva a esperar a que suceda lo imposible (Génesis 17: 1-27).

Tanto para Abraham como para Sara tener un hijo era no solo un imposible sino también un absurdo dada la edad que ambos tenían y por la esterilidad de Sara. Pero la persona de fe no cree solamente en hechos sino que mediante su plena confianza en Dios espera que suceda lo humanamente imposible. La fe no se detiene en los hechos, va más allá. La fe da por sentado que lo que Dios nos haya prometido, se cumplirá. La fe es una solemne confianza en lo que Dios ha dicho en razón de su carácter y naturaleza. Dios no sabe ni puede mentir, y ese es el mayor garante de la Palabra que salió de su boca.

4.     La fe nos lleva a entregarlo todo (Génesis 22:1-19).

Abraham sabía que al sacrificar a su hijo, toda esperanza de ser padre de multitudes quedaría arruinada y que las promesas que lo señalaban como un futuro padre de muchas naciones ya no se cumplirían. Pero no obstante decidió confiar en el Señor y rendirle a él lo más preciado que tenía en ese momento: su hijo Isaac. Un cristiano convencido de a quien le está creyendo estará dispuesto a sacrificar todo lo que Dios le pida y lo más precioso para él en procura de agradar a su Dios y Señor. El no argumentará contra lo que Dios le esté pidiendo, simplemente obedecerá; él no cuestionará a Dios por la forma en que lo hace, simplemente es preguntará:¿Por qué no lo había hecho antes? La fe no se detiene a reparar en lo que da, sino en las razones por las que damos.

Fe no es tanto lo que uno cree, sino lo que uno hace con lo que cree. Y si lo que creemos no nos lleva a hacer algo, ¿para qué lo creemos? (Santiago 2:17) ¿Qué está usted haciendo con su fe? ¿Dejará pasar las nuevas oportunidades que se le están dando como lo hizo la primera vez?
La fe es capacidad que el Espíritu Santo da para que creamos lo que Dios nos afirma desde su Palabra.


lunes, 4 de enero de 2016


REUNIÓN DE IGLESIAS ZONA CENTRO
 "UNIVERSAL DE DIOS A.R." 
"MONTE SE SIÓN" SABADO 9 DE ENERO DEL 2016 A LAS  3  P.M  EN CALLE GUILLERMO PRIETO  # 34
COLONIA EL PEDREGAL POTRERO NUEVO VER.

La Iglesia en el designio de Dios 


La comprensión cristiana de la Iglesia y su misión tiene sus orígenes en la visión del gran designio (o “economía”) de Dios para toda la creación: el “Reino” prometido por Jesucristo y manifestado en él. Según la Biblia, el hombre y la mujer fueron creados a imagen de Dios (véase Gn 1:26-27), por lo que tienen la capacidad inherente de estar en comunión (en griego, koinonía) con Dios y entre sí. El pecado y la desobediencia de los humanos (véanse Gn 3-4; Ro 1:18-3:20) frustraron el propósito de Dios en la creación, lo cual dañó la relación entre Dios, los seres humanos y el orden creado. Pero Dios se mantuvo fiel a pesar del pecado y los errores humanos. La historia dinámica de la restauración de la koinonía de Dios encontró su logro irreversible en la encarnación y el misterio pascual de Jesucristo. La Iglesia, como cuerpo de Cristo, actúa por el poder del Espíritu Santo para continuar la misión vivificadora de este en el ministerio profético y compasivo, y participa así en la labor de Dios de sanar un mundo roto. La comunión, cuyo origen está en la vida de la Santísima Trinidad, es el don por el que la Iglesia vive y, al mismo tiempo, el don que Dios pide a la Iglesia que ofrezca a una humanidad herida y dividida con la esperanza de la reconciliación y la sanación.  

La Iglesia del Dios trino como koinonía 

La iniciativa de Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo
 
La Iglesia es creada por Dios, que “de tal manera amó […] al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree no se pierda, sino que tenga vida eterna” (Juan 3:16) y que envió al Espíritu Santo para guiar a esos creyentes a toda la verdad, recordándoles todo lo que Jesús enseñó (véase Juan 14:26). En la Iglesia, por medio del Espíritu Santo, los creyentes están unidos a Jesucristo y, de ese modo, mantienen una relación viva con el Padre, que les habla y los llama a responder confiadamente. El concepto bíblico de koinonía se ha convertido en el aspecto central de la búsqueda de un entendimiento común de la vida y la                                                   Fe. Esa búsqueda presupone que la comunión no es simplemente la unión de iglesias existentes en su forma actual. El sustantivo koinonía (comunión, participación, comunidad, compartir), que deriva de un verbo que significa “tener algo en común”, “compartir”, “participar”, “tomar parte en” o “actuar juntos”, aparece en pasajes que narran la celebración de la Santa Cena (véase 1 Co 10:16-17), la reconciliación de Pablo con Pedro, Jacobo y Juan (véase Gl 2:7-10), la colecta para los pobres (véanse Ro 15:26; 2 Co 8:3-4) y la experiencia y el testimonio de la Iglesia (véase Hch 2:42-45). Como comunión establecida por Dios, la Iglesia pertenece a Dios y no existe para sí misma. Es misionera por naturaleza, llamada y enviada a dar testimonio en su propia vida de la comunión que Dios quiere para toda la humanidad y para toda la creación en el Reino.  
La Iglesia se centra y se basa en el evangelio, la proclamación del Verbo hecho carne, Jesucristo, Hijo del Padre, lo cual se refleja en la afirmación del Nuevo Testamento: “Habéis renacido, no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la palabra de Dios que vive y permanece para siempre” (1 P 1:23). Mediante la predicación del evangelio (véase Ro 10:14-18) y con el poder del Espíritu Santo (véase 1 Co 12:3), los seres humanos llegan a la fe salvadora y, por medios sacramentales, son incorporados al cuerpo de Cristo (véase Ef 1:23). Siguiendo esta enseñanza, algunas comunidades llamarían a la Iglesia creatura evangelii o “criatura del Evangelio”. Un aspecto que define la vida de la Iglesia es que es una comunidad que escucha y proclama la palabra de Dios.  







martes, 15 de diciembre de 2015


Pregunta: "¿Deben los cristianos celebrar la Navidad?"

Respuesta: La polémica de si los Cristianos deben celebrar la Navidad o no se ha estado en discusión por siglos. Hay Cristianos dedicados y sinceros en ambos lados del dilema, cada uno con multiples razones del porque o el porque no se debe celebrar la Navidad en los hogares Cristianos. ¿Pero que es lo que dice la Biblia? ¿Da la Biblia instrucción clara sobre si la Navidad es una festividad que debe ser celebrada por los Cristianos?

Primeramente veamos las razones por las que algunos Cristianos no celebran la Navidad. Una razon contra la celebración de la Navidad es que las tradiciones que rodean esta festividad tienen su origen en el paganismo. La busqueda de la información sobre este tema es difícil porque los origenes de muchas de nuestras tradiciones son tan oscuros que sus fuentes de información a menudo se contradicen entre ellas. Campanas, velas, muérdago y otras decoraciones se mencionan en la historia del culto pagano, pero el uso de estas en el hogar ciertamente no indica retornar al paganismo. Mientras que hay definitivamente raices paganas en algunas tradiciones, hay muchas más asociadas con el verdadero significado de la Navidad – el nacimiento del Salvador del mundo en Belén. Campanas que tañen para anunciar las buenas nuevas, velas que se encienden para recordarnos que Cristo es la Luz del Mundo (Juan 1:4-9), una estrella que se coloca en la punta del árbol para conmemorar la estrella de Belen y regalos que se intercambian para recordarnos los obsequios de los reyes magos a Jesus, el mas grande regalo de Dios a la humanidad.

Otro argumento contra la Navidad, especialmente el del arbol de navidad es que la Biblia prohibe traer árboles a nuestros hogares para decorarlos. El pasaje más citado es el de Jeremías 10:1-16, pero este pasaje se refiere a cortar árboles, cincelar la madera para hacer un ídolo y después decorarlo con plata y oro con el proposito de inclinarse ante él y adorarlo (vease tambien Isaías 44:9-18). El pasaje en Jeremías no puede tomarse fuera de contexto y aplicarse como legitimo argumento contra los árboles de Navidad.

Los cristianos que prefieren ignorar la Navidad indican el hecho de que la Biblia no proporciona la fecha del nacimiento de Cristo, lo cual es cierto. El 25 de diciembre puede no estar ni siquiera aproximado a la fecha en que nació Jesús. Existen un sin número de argumentos en ambos lados, algunos refiriéndose al clima en Israel, las costumbres de los pastores en invierno y las fechas de los censos efectuadas por los romanos. Todos estos argumentos contienen de cierto grado de conjetura, lo que nos trae nuevamente al hecho de que la Biblia no nos dice cuando nació Cristo.

Algunos ven en ello la prueba de que Dios no desea que celebremos Su nacimiento, mientras que otros ven en esta omisión de la Biblia una tácita aprobación. 

Algunos cristianos piensan que puesto que el mundo celebra la Navidad – aunque cada vez se convierte más y más en algo políticamente aceptado, el referirse a esta fecha como “días festivos” – los cristianos no deberían hacerlo. Pero este mismo es el argumento usado por falsas religiones que niegan totalmente a Cristo, al igual que ciertos cultos como los Testigos de Jehóva, quienes niegan Su deidad. Aquellos Cristianos que sí celebran la Navidad, tienden a ver en ello, la oportunidad para proclamar a Cristo como “la razón de la celebración” entre las naciones y para aquellos cautivos en falsas religiones.

Como hemos visto, no hay realmente una razón bíblica para no celebrar la Navidad. Al mismo tiempo, no hay tampoco un mandato bíblico para celebrarla. A fin de cuentas, celebrar la Navidad o no, es una decisión personal. Sin importar la opción que los Cristianos elijan en relación a la Navidad, sus puntos de vista no deben ser usados como un arma para atacar o denigrar a aquellos con criterios opuestos, tampoco deben ser usados como un galardón para el orgullo sobre si se debe celebrar esta festividad o no. Como en todo, debemos pedir sabiduría a Aquel que la otorga liberalmente a todo aquel que la busca (Santiago 1:5) y aceptarnos unos a otros en gracia y amor cristianos, independientemente de nuestras opiniones sobre la Navidad.